Calle del Madrid antiguo donde se gritaba Agua va antes de vaciar los orinales
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¡Agua va!: la costumbre más sucia del Madrid antiguo

¡Agua va! era el grito que se escuchaba en las calles de Madrid antes de que alguien vaciara por la ventana el contenido de un orinal. La expresión avisaba al transeúnte despistado de la lluvia fétida que estaba a punto de caerle encima.

Puede sonar a leyenda, pero fue una costumbre real y cotidiana durante siglos. Y explica, en buena medida, por qué Madrid tardó tanto en convertirse en una capital moderna.

Qué significaba «¡Agua va!»

Antes de que existiera el alcantarillado, las casas madrileñas no tenían desagüe. Los residuos fisiológicos se recogían en un cubo, un tobo o un barreño, y por la noche se lanzaban directamente a la calle desde la ventana o el balcón.

La ordenanza obligaba a avisar antes con el famoso grito, precisamente para que los viandantes pudieran apartarse. En teoría solo podía hacerse a partir de las diez u once de la noche, según la estación. En la práctica, se hacía a cualquier hora.

De ahí procede también la costumbre, todavía vigente, de que el caballero camine por la parte exterior de la acera: era la posición menos expuesta a lo que cayera desde los balcones.

Cómo era el Madrid de entonces

  • Sin alcantarillado: los residuos corrían por el centro de la calle hasta los arroyos.
  • Sin recogida de basura: los desechos se acumulaban en las esquinas.
  • Sin alumbrado público: de noche, quien caminaba lo hacía a ciegas.
  • Con animales sueltos: los cerdos campaban por las calles junto a los transeúntes.
  • Con olor permanente: los viajeros extranjeros lo describían como insoportable.

El rey que se encontró con aquello

En 1759 comenzó a reinar en España Carlos III. Antes había sido rey de Nápoles y de Sicilia, y tuvo que abdicar en aquellas tierras para venir a dirigir la Corona tras la muerte de su hermano.

Llegó acompañado de su equipo ministerial italiano, pensando que el cambio de destino no supondría gran diferencia. Sin embargo, se encontró una capital anticuada, sucia y maloliente.

Cuenta la tradición que lo peor llegó cuando escuchó el primer «¡Agua va!» y comprendió de qué se trataba. A partir de ahí, el monarca tomó una batería de medidas que acabarían transformando la ciudad:

  • Normativa sanitaria y prohibición de arrojar residuos a la calle.
  • Red de alcantarillado y sistema de recogida de basuras.
  • Alumbrado público en las vías principales.
  • Servicio de correos y creación de la lotería nacional.
  • Las fuentes de Cibeles y Neptuno, la Puerta de Alcalá y el edificio que hoy alberga el Museo del Prado.
  • Prohibición de que los cerdos anduvieran sueltos por la ciudad.

La resistencia de los madrileños

Los resultados tardaron en apreciarse. De hecho, los madrileños se resistieron tanto a las nuevas normas que el propio Carlos III llegó a decir en voz alta: «Mis súbditos son como niños chicos, lloran cuando se les lava».

El rechazo culminó en el Motín de Esquilache de 1766. La chispa fue la prohibición de las capas largas y los sombreros de ala ancha, dictada por el ministro de Hacienda por razones de seguridad, ya que permitían ocultar el rostro y las armas.

Ahora bien, detrás de aquel reclamo aparentemente absurdo había algo más: el hastío por tanto cambio impuesto desde arriba y la sensación de que se descuidaban las necesidades reales de la gente.

Resulta llamativo, además, que el rey exigiera a sus súbditos una capacidad de adaptación que él mismo no practicaba. Era un hombre rutinario y austero: usaba siempre la misma taza para el chocolate, la misma vajilla, y en treinta años su sastre le confeccionó apenas diez trajes, sin variar talla ni estilo.

En el fondo, la historia del «¡Agua va!» es la historia de una resistencia al cambio que sigue resultándonos muy reconocible. Nadie cambia porque otro se lo pida; y cuando lo hace por imposición, rara vez el cambio se sostiene en el tiempo.

Aun así, hay que reconocerlo: aquel empujón obligado fue el comienzo de la modernización de Madrid.

Buena parte de aquellas ordenanzas se conserva en el Archivo de Villa del Ayuntamiento de Madrid, y la Puerta de Alcalá sigue en pie como recordatorio del plan de reformas. Asimismo, el Museo del Prado ocupa hoy el edificio que Carlos III había proyectado como gabinete de ciencias.

Dónde ver las huellas de aquel Madrid

  • Calle del Codo y Plaza de la Villa, donde el trazado medieval se conserva casi intacto.
  • Cava Baja y Cava Alta, antiguos fosos de la muralla convertidos en calles.
  • Fuente de Cibeles y Fuente de Neptuno, dos de las obras de aquel plan de reformas.
  • Puerta de Alcalá, levantada en 1778 por encargo del propio Carlos III.
  • Plaza Mayor, escenario de buena parte de la vida pública de la época.

Preguntas frecuentes sobre el Agua va

Si quieres escuchar esta y otras historias en el lugar donde ocurrieron, acompáñanos en uno de nuestros recorridos por el casco histórico de Madrid.

Qué era el Agua va

¿Qué significaba «¡Agua va!» en el Madrid antiguo?

Era el aviso obligatorio que se daba antes de arrojar a la calle el contenido de los orinales desde ventanas y balcones. Servía para que los viandantes tuvieran tiempo de apartarse.

¿A qué hora se podía tirar el agua a la calle?

Las ordenanzas lo permitían a partir de las diez u once de la noche, según la época del año. En la práctica, sin embargo, la norma se incumplía con frecuencia.

¿Por qué los hombres caminan por la parte exterior de la acera?

La costumbre procede precisamente de aquella época: el lado exterior era el más expuesto a lo que se arrojaba desde los balcones, así que el caballero ocupaba la posición de riesgo.

Las reformas y el fin de la costumbre

¿Cuándo se acabó esta costumbre?

Fue desapareciendo a partir de las reformas de Carlos III, que impulsó el alcantarillado y la recogida de basuras desde 1761. Aun así, la práctica tardó décadas en erradicarse por completo.

¿Qué fue el Motín de Esquilache?

Una revuelta popular de 1766 que estalló tras la prohibición de las capas largas y los sombreros de ala ancha. Detrás había un malestar más profundo por las reformas impuestas y por la carestía de los alimentos.

¿Era Madrid más sucia que otras capitales europeas?

Los viajeros de la época así lo describían, aunque la falta de saneamiento era común en toda Europa. Lo que llamaba la atención en Madrid era la costumbre de arrojar los residuos directamente desde las ventanas.

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